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Tema: Un Cuento árabe sobre la amistad

  1. #11
    socorro-altamirano-189 Guest

    Predeterminado

    Que belleza de historia.
    Muy cierto, de la abundancia del corazòn habla la boca y todo depende de la actitud que haya en nuestra vida.
    Si, estamos mal en nuestro interior, eso mismo reflejaremos en nuestro exterior.

    Saludes.Cierto!!! Muchos juzgan por la aparicienca,
    pero jamàs nos detenemos para analizar que màs allà de la vestimenta,
    encontramos lo que verdaderamente somos.

    Waooo, que gran reflexiòn no podemos gastar màs de lo que tenemos.

    !! Dios mìo, que belleza¡¡
    Y que gran enseñanza!!
    Waoo, como pretendemos que las demàs personas nos valoren, sino lo hacemos nosotros mismo.
    A como te vean, te trataran!!

  2. #12
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    LOS MONJES Y EL ELEFANTE


    Hace muchos años, en un lugar lejano... un grupo de ancianos monjes, ciegos desde su nacimiento se reunieron para discutir sobre Dios. Cada cual quería quedar por encima del monje de al lado, cada cual se creía en posesión de la Verdad, ingenuos pensadores que querían hacer de las múltiples verdades "Una Sola", la que ellos conocían y defendían. La conversación, que ya habían tenido más de una vez, repetía las mismas argumentaciones que en el pasado: "Dios es bueno y comprensivo", "No, Dios ha de ser justo y por lo mismo, severo", "Dios nos espera en su reino en los cielos", etc., ni siquiera ellos podían ponerse de acuerdo.

    El más anciano de todos sacudió la cabeza y suspiró.
    -Os dais cuenta de que en todos estos años no hemos sido capaz de acordar cómo es nuestro Dios. Pero..., si ni siquiera nosotros conseguimos escucharnos. Anoche tuve un sueño, reunámonos de nuevo aquí la semana próxima, y espero que avancemos en algo entonces.

    A la semana siguiente se reunieron de nuevo y, antes de que pudieran empezar su eterno debate, el monje mas anciano hizo que pasaran a un cuarto que desconocían. Allí, les dijo, cada uno tendría que tocar lo que tenían delante, en silencio y sin moverse del sitio adjudicado. Así lo hicieron, y cuando hubieron terminado, se sentaron en círculo.

    - ¿Y bien? Qué había en la habitación?
    - Era algo inmenso, apenas podía abarcarlo con mis dos manos. (dijo el primer monje)
    - Era duro, casi rugoso, cálido.
    - Te equivocas, hermano. Lo que había en la habitación era pequeño y peludo y ligero.
    - ¿Qué decís? Lo que había en el cuarto era duro, sí, pero frío, y liso, muy suave
    - ¡no sé dónde habéis estado!, refunfuñaba otro. No era tan duro, y podía moverse, era cilíndrico y húmedo al final.

    El anciano monje les dejó seguir un poco más antes de revelarles lo que realmente habían palpado: todos estaban hablando del mismo ser, un elefante. Cada uno había llegado a conocer una sola parte del mismo: cola, lomo, colmillo, trompa. Y su cerrazón a ver más allá de la propia experiencia les impedía apreciar el "Todo". Solo era un Elefante. Un solo ser con múltiples apreciaciones.

    *Al igual que con la verdad, siempre queremos llevar la razón, siempre pensamos que lo que hay dentro de nuestra cabeza es la "verdad verdadera" y no solo una parte del puzle que constituye algunas de las grandes verdades de la vida*.

  3. #13
    socorro-altamirano-189 Guest

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    Muy cierto!! No siempre tenemos la razòn. Aunque creamos que estamos en lo correcto!!

  4. #14
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    El joven que buscaba la verdad…

    Érase una vez un hombre joven que para buscar la verdad viajó lejos de casa, con el fin de encontrar el verdadero significado de la vida. Sin parar,escaló montañas, cruzó ríos peligrosos, y visitó muchos lugares buscando un maestro verdadero para contestar a sus preguntas. Día tras día, se encontraba y preguntaba a mucha gente; sin embargo, sentía que no había obtenido ninguna iluminación. Decepcionado, reflexionaba y se preguntaba, pero todavía no era capaz de entender el por qué.

    Más tarde, aprendió de un maestro que había un maestro de nivel elevado que había obtenido el Nombre Supremo, viviendo en una montaña no muy lejos de su pueblo. Él podía contestar a todo tipo de preguntas difíciles sobre la vida.

    Por consiguiente,inmediatamente salió en la oscuridad de la noche y preguntó por los alrededores donde podía encontrar al maestro.

    Un día, llegó al pie de la montaña y vio un leñador bajando con dos cubos de leña en sus hombros. El hombre joven le preguntó:
    -“Hermano, ¿Sabes dónde exactamente dónde vive en esta montaña el maestro que ha obtenido el Nombre Supremo, y cómo es?” El leñador pensó por un momento y le contestó:
    -“Es verdad que hay tal sheij en esta montaña. Sin embargo, la gente no sabe exactamente dónde vive porque a menudo viaja por los alrededores para ofrecer la salvación a las personas predestinadas. En cuanto a su apariencia, algunos días va elegante y excepcionales aureolas divinas brillan en su cuerpo; algunos dicen que parece sucio y descuidado y que sus ropas son desaliñadas y viejas. Nadie puede realmente describirlo claramente”.

    Después de agradecer al leñador, el hombre joven estaba decidido a encontrar al monje. Viajó montaña arriba sin descanso. En la montaña, conoció a campesinos, cazadores, a niños arreando animales, gente quitando las hierbas, etc. Sin embargo, no encontró al Sheij de nivel alto que podía explicarle el significado de la vida.

    Desesperado, regresó y bajó de la montaña. En su camino, conoció a un mendigo con un tazón roto en sus manos que le pidió agua.
    El joven echó algo de agua de su cantimplora en el tazón. Sin embargo, el agua se derramó fuera antes de que el mendigo pusiera sus labios en el tazón y bebiera. A regañadientes, el joven echó más agua en el tazón y pidió con insistencia al mendigo que se lo bebiera más rápido, pero justo cuando el tazón llegaba a los labios del mendigo, el agua se derramó toda otra vez.

    -“¿Cómo es posible que pueda beber agua utilizando un tazón roto?” dijo el joven impacientemente.
    -“Pobre joven, has estado buscando el significado de la vida por todas partes y en la superficie pareces una persona sin pretensiones. Sin embargo, en tu corazón, juzgas si las palabras de los demás no cumplen tus expectativas. No puedes aceptar ningún punto de vista que no satisfaga tus expectativas. Esas nociones tuyas resultan en grandes agujeros en tu corazón y te impiden encontrar las respuestas que buscas”.

    Cuando escuchó eso, el joven de repente se iluminó al asunto. Inmediatamente hizo una reverencia al monje y dijo, “maestro, ¿eres el Sheij de nivel alto que he estado intentado encontrar?” Como no hubo respuesta incluso aunque repitió su pregunta varias veces, levantó su cabeza y vio que el mendigo había desaparecido. Un tazón con agujeros no puede retener agua; un corazón con agujeros no puede oír el sentido de la vida.

    ¿Cuales eran las manifestaciones de esos agujeros en el corazón? Egoísmo; celos; ser testarudo; y ser obstinado, desconfiado, impetuoso, odioso, miedoso, arrogante, y cobarde son unos cuantos ejemplos.

    Esas mentalidades son como agujeros en el corazón. La diferencia es que la gente tiene diferentes tipos de agujeros en sus corazones. Puesto que los humanos no son santos y sabios, ¿Quién no puede vivir sin cometer un sólo error? Puesto que estamos perdidos en la falsa ilusión ¿Quién puede decir que no tiene defectos? ¿No es una cosa terrible tener defectos?. Es horrible no saber que tenemos defectos; es malo que no arreglemos los defectos sabiendo que los tenemos. Con el tiempo, los defectos se volverán más y más grandes, dañando la vida y destruyéndolo a uno mismo. Un corazón no es valioso a menos que tú tengas la voluntad de rectificar tus errores y defectos.

  5. #15
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    EL CIRCULO DEL 99

    Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las
    mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones. Una sonrisa se
    dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

    Un día el rey lo mandó a llamar.
    Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?
    -¿Qué secreto, Majestad?
    -¿Cuál es el secreto de tu alegría?
    No hay ningún secreto, Alteza.
    No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
    No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

    -¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué? Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz? Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-.. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.

    Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…
    Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo! El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.. El rey estaba como loco.

    No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y ,alimentándose de las sobras de los cortesanos.

    Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
    ¿Por qué él es feliz?
    Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.¿Fuera del círculo? Así es.

    -¿Y eso es lo que lo hace feliz?
    No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
    A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz Así es.
    -¿Y cómo salió? ¡Nunca entró!
    -¿Qué círculo es ese?
    El círculo del 99.
    Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey-.

    La única manera para que entiendas, sería mostrártelo en los hechos.
    -¿Cómo?
    Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
    Eso, ¡obliguémoslo a entrar! No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.Entonces habrá que engañarlo.
    No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo en el círculo.

    -¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad? Si, se dará cuenta.
    Entonces no entrará.
    No lo podrá evitar.
    -¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?

    Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
    Sí Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una
    menos. 99!

    -¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
    Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
    Hasta la noche.

    Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a
    la casa del paje. Allí esperaron el alba.
    Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:
    -“Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste”.

    Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el
    rey espiaban desde detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar
    el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.

    El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo la vela. Se sentó y vació el contenido de la bolsa…

    Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! El, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña de ellas.

    El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela, las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas.

    Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis…. y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60….hasta que formó la última pila: ¡9 monedas! Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. «No puede ser», pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

    Me robaron -gritó- ¡me robaron!
    Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99″.

    -99 monedas es mucho dinero pensó.
    Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

    El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.

    Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
    -¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?

    Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.

    Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.

    «Doce años es mucho tiempo», pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo.
    Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas:
    -sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!
    Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender… vender… vender…

    Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?
    -¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99…

    Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.

    -¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.
    Nada me pasa, nada me pasa.
    Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también? No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera
    siempre de mal humor.

    Todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta… Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

    Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas
    son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo
    cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro,
    cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual…
    ¿Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están?

  6. #16
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    Bayazid dice acerca de sí mismo

    "De joven yo era revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: Señor dame fuerzas para cambiar el mundo”

    “A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: Señor dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo, aunque solo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho”.

    “Ahora, que soy viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: Señor dame la gracia de cambiarme a mí mismo”

    “Si yo hubiera orado de este modo desde el principio no habría malgastado mi vida”

    *Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo*.

  7. #17
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    NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA

    De Masrüq: «Vivía en el desierto un beduino con su familia, en compañía de un perro, un asno y un gallo. El gallo les despertaba para la oración ritual, el asno les traía agua y les trasportaba la tienda, y el perro les servía de guardián. Vino el zorro y les robó el gallo. Todos se quedaron tristes y afligidos de perderlo; pero el beduino, que era un santo, exclamó:
    « Quizá sea mejor para » nosotros.» Vino luego un lobo y abrió al asno en canal y lo mató.
    Se afligieron también mucho de perderlo; pero el hombre dijo de nuevo: « Puede ser que sea lo que más nos convenga.» Vino, por fin, tras esto, la muerte del perro.

    Y el hombre dijo asimismo:
    « Quizá ello sea lo mejor.» Después, cierto día, amanecieron y miraron a su alrededor, y vieron que sus vecinos habían sido llevados cautivos, quedándose ellos solos. Y si los demás habían sido cautivados, fue tan sólo porque denunciaron su presencia las voces de los perros, asnos y gallos que tenían. De modo que la muerte de sus animales fue, efectivamente, mejor para ellos, como Dios lo había decretado. Por eso, el que conoce bien los misterios de la bondad de Dios, se conforma gustoso con lo que le sucede, por que, en todo caso, es obra de Dios mismo.»


    LA HUMILDAD

    La conciencia humilde «Un eremita se retiró a una montaña, y en sueños, Dios le dijo:
    «Vete a fulano el zapatero y pídele que ruegue por ti.»

    Fue en su búsqueda y al hallarlo le preguntó:
    -Que prácticas de devoción eran las que hacía con frecuencia.
    Y le respondió el zapatero:
    -Ayunaba durante el día y trabajaba para ganarse la vida, dando de limosna una parte de lo que ganaba y empleando el resto en el sustento de la familia.

    El eremita regresó a su montaña diciendo para sí:
    «Efectivamente, lo que hace es bueno, pero no es como, el consagrarse por completo al servicio de Dios.»

    Por segunda vez, Dios le dice en sueños:
    «Vete a fulano el zapatero y dile:
    -¿A que es debido la palidez que tienes en el rostro?

    Fue a él y se lo preguntó, y el zapatero le dijo:
    «No veo persona alguna, sin que me ocurra pensar que ella se salvará y que yo me condenaré.»

    Entonces exclamó el eremita:
    «¡Por esta humildad sí que logró la perfección!»

  8. #18
    Fecha de Ingreso
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    ANÉCDOTA DEL PROFETA MOISÉS Y EL PECADOR
    (La Paz de Dios sea con él)


    Se narró que en los días en que Musa (Moisés) (a.s) se encontraba con su pueblo, Bani Israel en el desierto, una intensa sequía les ocurrió. Juntos, levantaron la mano hacia el cielo orando por la lluvia bendita por venir. Entonces, ante el asombro de Musa (a.s) y todos los espectadores, las pocas nubes dispersas que estaban en el cielo se desvanecieron, el calor caía, y se intensificó la sequía.

    Se reveló a Moisés que había un pecador, entre la tribu de Bani Israel, el cual había desobedecido a Dios durante más de cuarenta años de su vida.

    -“Que se separe él mismo de la comunidad/grupo” le dijo el Señor al profeta Moisés. “Sólo entonces, os colmaré a todos con la lluvia”
    Moisés luego, informó a la multitud:
    -"Hay una persona entre nosotros que ha desobedecido a Dios durante cuarenta años. Que se separe él mismo de la comunidad y sólo entonces seremos rescatados de la sequía.”

    Ese hombre, esperó mirando a izquierda y derecha, con la esperanza de que alguien más se adelantara, pero nadie lo hizo. El sudor vertía constantemente de su frente y él sabía que él era el único.
    El hombre sabía que si se quedaba entre la congregación todos iban a morir de sed y que si él daba un paso adelante, sería humillado durante toda la eternidad.

    Él levantó las manos con una sinceridad que nunca había conocido antes, con una humildad que nunca había probado, y mientras las lágrimas caían sobre las dos mejillas, dijo:
    -“¡OH Dios, ten misericordia de mi!, ¡Oh Dios, esconde mis pecados! ¡Oh Dios, perdóname!

    Mientras Moisés y el pueblo de Bani Israel esperaban que el pecador diera un paso adelante, las nubes cubrieron el cielo y la lluvia cayó. Y Moises preguntó a Dios:
    -"OH Señor, nos has bendecido con la lluvia a pesar de que el pecador no se presentó."

    Y Dios respondió:
    -"OH Moisés, es por el arrepentimiento de esa persona, que yo bendigo a todos los de Bani Israel con el agua."
    Moisés, queriendo saber quién era este hombre bendito, le pidió:
    -"Muéstramelo, Oh Señor”. Y Dios respondió:
    -"OH, Moisés, escondí sus pecados durante cuarenta años, ¿crees que después de su arrepentimiento le voy a exponer?

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